Alimentación y Hogar

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Las tiendas de comestibles en el barrio vitoriano de Ibaiondo están gestionadas por familias chinas. Esta mañana hemos coincidido cuatro personas en la tienda de Alimentación y Hogar que está cerca de mi casa temporal. El dueño comenta que la cosa está muy malita; le escuchan atentamente dos magrebíes ataviados a la vieja usanza, con sus barbas, su kufi y su túnica. Un ecuatoriano le pide al tendero, de favor, una caja de cartón para llevarle a su hija que la necesita para las clases de manualidades en el colegio público.

Ayer por la noche fui al palacio de Villa Suso a la presentación del nuevo programa de visitas a la Catedral de Santa María (Metro Katedral). Mis compañeros de trabajo han diseñado una serie de itinerarios temáticos por el templo, redimensionando el exitoso enfoque del Abierto por Obras. Este tipo de iniciativas buscan, entre otras cosas, modelar puntos de encuentro en una ciudad en la que conviven diferentes grupos étnicos, en la que se hablan muchos idiomas diferentes. Esto ha sido siempre así por estos lares. La vieja Gasteiz, conquistada por reyes navarros y castellanos, fue repoblada con colonos de distintas procedencias; en ella vivieron judíos, vascones, francos… gentes diversas como así le corresponde a una típica ciudad de aluvión. Esto fue así en el siglo XIII y lo sigue siendo en el siglo XXI.

En mi proceloso caminar inmobiliario me encuentro con una inquietante constante, que no sólo se da aquí sino en toda España. El personal me avisa del carácter de guetto del casco viejo, esa zona de la ciudad que proyectos como el de la Catedral vieja intentan dinamizar y poner en valor. En algunos casos, la realidad se plasma sin más en la pantalla del ordenador: no se admiten inmigrantes aparece como desideratum del dueño del inmueble. En otros casos, el agente inmobiliario utiliza eufemismos para desaconsejar la opción de optar por vivir en el casco histórico. Aseguran que apenas hay servicios, que es poco cómodo, los vecinos suelen armar jaleo… Al final reconocen que hay mucho inmigrante.

La próxima vez que me digan esto pienso contestar lo siguiente, con una pregunta, que para algo vengo del fin del mundo: ¿Inmigrante? ¿Y usted que se cree que soy yo?

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