Galician Monument Men and Women

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El pinchazo de la burbuja inmobiliaria y el modelo del ladrillazo se llevó por delante todo el mercado arqueológico creado en torno a la evaluación y corrección de impacto arqueológico (Parga 2009, 2010, 2011). Las consecuencias no se hicieron esperar: la inmensa mayoría de empresas de arqueología desaparecieron, los arqueólogos y arqueólogas de Galicia han abandonado la profesión, se han reconvertido o han emigrado (Gorgoso 2013). La crisis ha desmantelado una Arqueología profesional gallega que podemos definir históricamente como desestructurada. Toda una metáfora de la propia realidad de la Galicia invertebrada. Curiosamente será ahora, en este proceso de eliminación, cuando surjan iniciativas como la Asemblea Xeral de arqueólogos/as y la firma en 2009 del Convenio Colectivo de ámbito autonómico de Galiza para a actividade arqueolóxica con la patronal Asociación Empresarial Galega de Arqueoloxía.
Este proceso de defensa a ultranza de la profesionalización arqueológica ha derivado en actitudes ya no escépticas hacia la Arqueología Pública sino directamente contrarias a la inclusión de voluntariado en los proyectos arqueológicos, al papel activo de las comunidades locales o a iniciativas ciudadanas que emergen al margen del gremio arqueológico. Este estado de opinión se ve reflejado en el principal portal de debate de la Arqueología gallega a día de hoy, el grupo abierto de Facebook bajo el indicativo título de Asco y Vergüenza Arqueológicas, toda una versión futurista del Nós, os inadaptados de Vicente Risco (1933). Porque este ambiente contrario a la Arqueología integradora es producto, a nuestro modo de ver, de la inadaptación al nuevo ciclo marcado por el modelo capitalista que depreda el país. Una vez más, se confunde al enemigo. En su día el diablo fue la Arqueología de Gestión, hasta que aquélla pasó a convertirse en la fuente de subsistencia de la Arqueología gallega. Ahora el peligro es la que algunos llaman redundantemente Arqueología social, un nuevo ámbito que en poco tiempo será asumido devotamente por aquéllos que ahora la critican.
En este contexto de crisis están surgiendo nuevos procesos y demandas sociales que, a su vez, generan oportunidades para la profesión arqueológica. Lo que no vamos a esperar es que aquéllos que no concebían la Arqueología Pública en el modelo de negocio del boom, lo contemplen ahora. Antes de cambiar el chip (antes los clientes eran promotores y administraciones, ahora son comunidades y asociaciones) un sector de la extinta Arqueología profesional gallega dispara contra el pianista, secuestra al mensajero y apuesta por actitudes corporativistas, en nuestra opinión, negativas para la proyección social de la Arqueología. Como señala B. Comendador (2011: 63): El discurso fluye, se comparte, se intercambia, se reelabora, se reescribe…, provocando un radical cambio en los juegos de poder basados en la propiedad de la información. De hecho, estos aspectos han comenzado a modificar el equilibrio sostenido que legitimaba la indiscutida primacía social del discurso histórico oficial sobre todos los demás y al cuestionamiento abierto de la actividad arqueológica por su alejamiento de la realidad social, por su escaso impacto y por la insatisfacción de las más variadas demandas sociales.
Antivoluntarios
No existe una Arqueología gallega y sí varias Arqueologías gallegas. Así pues, también se comprueba la existencia de otra actitud hacia esta nueva realidad por parte de jóvenes y no tan jóvenes formados en las Universidades gallegas y que han puesto a andar empresas de Arqueología, Antropología y/o Restauración. Estos y estas profesionales, pragmáticos, pero también comprometidos, son los artífices de esa Arqueología Pública gallega que comienza a tener algo de relevancia en el conjunto del Estado. Una Arqueología que ha pasado de una puesta en valor del patrimonio basada en el diseño e instalación de sinalécticas y el vallado de yacimientos, a una Arqueología inclusiva que busca una real socialización del patrimonio público.
El elitismo de la Arqueología galleguista coadyudó de manera importante a consolidar la linde entre investigación académica y sociedad. En este sentido, el desarrollo de la autonomía no supuso un cambio en las condiciones de producción de una Arqueología Pública en Galicia. El saber era campo vedado de unos arqueólogos universitarios que fueron incapaces de vertebrar, articular y legitimar su campo científico, su profesión. Esta carencia acrecentó un cierto complejo de inferioridad con respecto a otras corporaciones. Este carácter engreído, elitista y hermético, así como este complejo, explican en parte que en 2014 sigan primando, en algunos casos, actitudes de falta de respeto y menosprecio hacia la acción de la ciudadanía preocupada por su patrimonio. En puridad, los miembros de la arqueología académica y profesional se siguen considerando los tutores, cuando no los propietarios, de los yacimientos arqueológicos y del saber generado.
Esta patrimonialización metaarqueológica se ha visto acrecentada con la integración de la profesión en el ámbito de una Arqueología de Gestión marcada por el hermetismo y la falta de transparencia de la que hacen gala las administraciones. En la época del boom la inmensa mayoría del gremio arqueológico asumimos sin ambajes su papel técnico dentro del sistema, evitando cualquier tipo de compromiso ético o discurso de carácter crítico. En un país invertebrado con pocos recursos, la Arqueología se supeditó sin mayor problema a los intereses del sistema caciquil imperante. Basta con echar un ojo a los procesos selectivos que tienen lugar en Galicia para adjudicar plazas de arqueólogos. La concesión en 2006 del puesto de arqueólogo en el Centro Arqueolóxico de Neixón (Boiro, A Coruña), los contratos como guía de la cueva del Rei Cintolo y arqueólogo municipal en Mondoñedo (Lugo) o la externalización de los parques arqueológicos de Campolameiro (Pontevedra) y Lás (Ourense) son ejemplos magníficos de cómo funciona la economía política galaica.
La crisis no ha hecho más que acrecentar este enfoque, sobredimensionado con las ansias de una profesionalización de la disciplina que ha llevado a profundizar en el foso entre arqueología y sociedad. Es por ello que muchos arqueólogos se llenan de orgullo cerrando los yacimientos al público, estableciendo cautelas e invirtiendo tiempo y recursos en aspectos formales. No por llevar un chaleco amarillo, un casco y tener un certificado de cursos de seguridad e higiene (impartido por el colega-empresario) se solucionan los problemas endémicos de la profesión y se genera conocimiento por ciencia infusa.
Los vallados de las áreas arqueológicas de A Rocha Forte, del castro de Vigo y del castro de Elviña son las imágenes perfectas de esta involución social marcada por la alianza entre políticos, constructoras adueñadas del mercado patrimonial y profesionales segmentados del común de los mortales.
Esta Arqueología encarcelada (Martín 2014) ha abandonado el espacio y el debate público, por lo que el vacío dejado por la ciencia es ocupado por activistas culturales, plataformas ciudadanas y asociaciones. La desinformación y falta de transparencia es combatida por prácticas alternativas. Si el archivo de la DXPC no es de acceso público, patrimoniogalego.net inicia un catálogo social del patrimonio gallego abierto a todos. Si la ciudadanía se moviliza criticando malas prácticas, no habrá arqueólogos comprometidos, pero sí especialistas de otras disciplinas y activistas virtuales y reales que consiguen canalizar demandas para recuperar áreas arqueológicas (Gago et al. en prensa). Si la Academia y la Xunta de Galicia hacen caso omiso a las demandas patrimoniales, las comunidades locales cuentan con individuos que movilizan el sentir popular y son quien para generar las condiciones óptimas para llevar a cabo proyectos participativos de puesta en valor.
Nuestro pequeño país rural y minifundista ha vivido desde siempre movimientos de resistencia articulados a partir de un ideario comunitario muy propio del campesinado. Participando de esta dinámica emergen auténticos Monuments men and women por todo el país que promueven la revitalización de bienes patrimoniales que siguen siendo importantes para la gente, como referente identitario, como recurso económico o como espacios lúdicos para sus nietos. Estos ciudadandos y estas comunidades actúan cada vez más con autonomía e independencia, moviéndose, como siempre han hecho, en los márgenes del orden establecido, de un sistema que muchas veces los ha tratado como buenos salvajes colonizados.
El semiólogo Umberto Eco llegó a decir que conocía de primera mano la Edad Media pero que la realidad del presente sólo la conocía por la televisión. Los arqueólogos y las arqueólogas de Galicia deberemos decidir si queremos engrosar las filas de estos Monuments Men and women o resignarnos a enterarnos de lo que se hace con el patrimonio gallego por la televisión y las redes sociales.
Los arqueólogos y arqueólogas de Galicia deberemos decidir si queremos ser como esos respetados ingenieros sin complejos que están diseñando vallas más altas y efectivas en la colonia de Melilla, o si queremos contribuir a desactivar, musealizar y poner en valor los lindes que nos separan de nuestros conciudadanos.

Viñetas: publicadas por la empresa Citania S.L. en Facebook, 14 de marzo de 2014.

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Categorías: Arqueolóxicas, Lerias e andrómenas | Deja un comentario

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