Un País de Gilipollas, 1: Autopista hacia el Cielo

El buen camino
Estamos gobernados por gilipollas. Los gobernados también somos gilipollas, porque los primeros gilipollas siguen y seguirán en los Parlamentos jugando a los marcianitos. Por lo tanto, somos un país de gilipollas. En Galicia el grado de gilipollismo nos sitúa en la Liga de las Estrellas. Los gilipollas que desgobiernan Galicia se dejan aconsejar por otros gilipollas instalados en clusters, consultoras, zulos de narcotraficantes y contrabandistas. Dentro de esta nave interestelar a la deriva, la palma se la llevan los y las gilipollas que conducen la política pública de promoción turística de Galicia. Sí amigos, los mismos que nos han hecho pagar un videoclip de Enrique Iglesias por 300.000 euros. Los mismos que quieren convertir a Galicia en el Reino del Sol Poniente. Ya sabemos que en el Finisterre siempre nos ha quedado un algo de panteísmo priscilianista, pero la campaña De Galicia al Cielo se me antoja ya excesiva. Esto es lo que podemos leer en webs y periódicos de tirada nacional, en anuncios pagados con fondos públicos:
“El 20 de marzo un alineamiento de la Luna, el Sol y la Tierra provocará que nuestro satélite oscurezca case (sic) por completo al astro rey. Galicia será el mejor punto de España para disfrutar de esa experiencia”.
La sugerente noticia se complementa con un gráfico muy del estilo de los carteles de la secta que anuncia la llegada de Hercólubus El Planeta Rojo. Sí amigos, en la tierra del nubarrón permanente, la panacea se encuentra en los eclipses y el turismo solar. Yo no tengo nada contra el cielo. De hecho hace una década, hasta participé en una ruta de fin de semana de observación astronómica. La idea era observar desde a Serra do Faro el universo entero. La niebla y la lluvia nos abocaron a estar encerrados en un hotel kitsch de Chantada, elaborando pitilleras en un “taller de artesanía de cuero”.
Vamos a salir de la crisis convirtiendo Galicia en un paraíso selenita con turistas y peregrinos azuzados por Paulo Coelho, con sus gafas negras, mirando fijamente al sol, mientras suena de fondo en el albergue una canción de Los Satélites. En el desierto de Atacama deben de estar acojonados, porque la irrupción de Galicia en el negocio celeste va a conllevar la quiebra de los observatorios andinos. Sin duda.
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“Ya los romanos que llegaron a Galicia se dejaron maravillar por el espectáculo ofrecido por el Sol ardiente desapareciendo en el horizonte del océano, fin de la tierra conocida”.
Teniendo a estos galaicos para que queremos más Incas.
Lo más probable es que mientras estos políticos y técnicos gilipollas convencen a otras gentes para hacer el gilipollas, lo más seguro es que el 20 de marzo crucen el cielo de Galicia docenas de aviones que se llevan por el mundo adelante a gallegos y gallegas jóvenes emigrantes que no quieren seguir haciendo el gilipollas en un país convertido en un decorado indigno en el que el primero que pasa se forra haciendo lo que le sale de los cojones con nuestra clase política.
Desde luego, la Galicia de Feijoo, el Rey Sol, es el mejor punto de España para disfrutar de la experiencia de cómo desmantelar un país. Como para no taparse los ojos.
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