Un País de Gilipollas, 3: un diccionario Vox, por favor

Vox
Qué bien nos habría ido si los diputados y diputadas se hubieran inspirado algo en Un país en la mochila de Labordeta. Pero no. La mochila únicamente se usa para trincar pasta. Por eso somos Un País de Gilipollas.
A la Iglesia católica, al Ejército y a la gente de orden siempre les ha dolido España. Pensaban que nada peor le podía acontecer a la Patria que aquella frustrada revolución zapaterista. ¿Os acordáis? Con Rouco Varela en la vía pública un día sí y otro también. Pero ya se sabe: otro vendrá que bueno te hará. La ultraderecha física, virtual y mediática se encuentra ahora con la llegada del Comunismo al Poder. Ya no vale ni aquello que había soltado Calvo Sotelo en Donosti poco antes de su asesinato: Antes una España Roja que una España Rota. Ahí tenemos a oficiales del Ejército, con la ferralla en el pecho, declarando en tertulias delirantes que la independencia de Catalunya ocurrirá pasando por encima de su cadáver.
En este contexto, en primer lugar, la ultraderecha retoma el lenguaje del franquismo. Durante el nazismo, el profesor Victor Klemperer, como buen filólogo, comenzó a escribir en su diario anotaciones sobre el lenguaje totalitario creado y utilizado por el régimen de Hitler. Lo mismo se puede hacer hoy en día con la ultraderecha española que ha naturalizado de nuevo términos que nunca se han ido: rojos, separatistas, productores… aparecen en boca de la liberal Esperanza Aguirre, sin ir más lejos.
En segundo lugar, cruzan el umbral del ridículo al intentar perpetrar campañas que le metan el pánico en el cuerpo a los buenos españoles, a esos trabajadores honrados que se van a convertir en prisioneros del gulag, en venezolanos que hacen colas kilométricas para comprar el pan. La realidad supera a la ficción. En el Museo de la Memoria de Santiago de Chile, una sala entera está dedicada a mostrar al visitante el ambiente social en un momento clave: el plebiscito de 1988, que Pinochet consideraba que tenía ganado de antemano. Allí uno se muere de la risa al ver la propaganda pinochetista: vídeos VHS muestran a jinetes del Apocalipsis que se lanzan sobre una aldea enarbolando la bandera de la Unión Soviética. Como en Chile en 1988 la ultraderecha española se abona al Club de la Comedia. En una mezcla genial de solemnidad y surrealismo, los y las responsables de VOX solicitan a la federación Española de Fútbol que evite por todos los medios el atentado a la dignidad nacional que los rojoseparatistas de las Vascongadas y del Principado de Cataluña van a perpetrar en la final de la Copa del Rey. El comunicado no tiene desperdicio: Pitar un himno es un insulto grave a una nación y por tanto a todos sus ciudadanos. Es algo insólito, por ser un insulto a uno mismo, además de a todos los conciudadanos de uno Lo que le hace falta a esta gente es que les regalen un Diccionario Vox para que intenten escribir decentemente en castellano, por lo menos.
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En tercer lugar, los ultraderechistas hacen gala de una mezquindad más grande que la mezquita de Córdoba. Los líderes de Vox se ven a ellos mismos como la Vox Populi, por eso no los vota ni Dios. Ahí los tenéis; no quieren que en España se arroje al vacío a homosexuales desde los minaretes. Estos son los garantes de la tradición española, los que estarían encantados de que en los pueblos de nuestra España se sigan lanzando las cabras desde el campanario. Todo por mantener la identidad católica de España.
Con dos cojones.

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